lunes, 28 de enero de 2013

Club de Huérfanos

Cuando fallece el padre o la madre de algún amigo o colega, trato de recordar si todavía les queda el otro progenitor, o se lo pregunto directamente.  Si la respuesta es negativa, les doy la bienvenida al "club de huérfanos".

A algunas personas que no tienen esta condición, les parece una forma un tanto brutal de decir el "te que acompaño en el sentimiento". Pero personalmente, que ya he ingresado en dicho club y que la muerte se me acercó brutalmente en demasiadas ocasiones,  sé que la pérdida de los progenitores siempre es un trauma emocional importante:

Da lo mismo, que se trate de una muerte repentina o de una muerte tras una enfermedad prolongada; da lo mismo, que se trate de un padre o de una madre, de sesenta años o de noventa años. La muerte siempre nunca es bienvenida.

Cuando se trata del padre, se pierde una referencia. Un hombre mayor me dijo: "una persona  puede irse de casa, casarse, tener hijos o llegar a presidente de gobierno; que sólo se convertirá en adulto cuando muere el padre".  Luego, descubrí por mi mismo que cuando se muere el progenitor que quedaba, entonces nuestra condición de hijo o hija desaparece.

Y, en ese momento, somos huérfanos.  Es evidente, que no es lo mismo quedarse sin padres a los diez que a los cincuenta años, pero el estado emocional podría ser el mismo. (No conozco estudios que hayan abordado el tema)  Por otra parte, la infantilización de la sociedad en el que nos hemos adentrado en los últimos tiempos, quizás pueda producir esa homogeneización de sentimientos.

En resumen, que los que pertenezcáis al club, "os acompaño en el sentimiento" porque yo lo comparto. Y advertiros que este sentimiento nos acompaña durante el resto de nuestros días, como nos acompañó cuando eramos hijos o hijas de un padre o de una madre.

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