lunes, 20 de octubre de 2025

Parada en Honolulu (JIV)

 Estamos alojados en el Aston At Executive. Desde el piso vigésimo octavo la calle queda muy lejos, la mirada se dirige hacia la montaña y hacia los otros altos edificios.

Por la mañana del lunes, el Downtown tiene un aspecto distinto. Hay actividad y los homeless se retiran a los confines de esta zona financiera. Pero en nuestro camino hacia Chinatown podemos corroborar la división entre quienes tienen trabajo y los homeless: viejos y jóvenes, hombres y mujeres. Han dormido en la calle y ahora se ubican en algún lugar sombrio donde puedan sentarse. Su aspecto es sucio, desaliñado, no les facilitan el aseo en los centros cercanos. Algunos arrastran carritos de supermercados sobrecargados con sus pertenencias.

En Chinatown, también hay algunos homeless aprovechando la posibilidad de poder solicitar algunos productos alimenticios. No hay muchos turistas, estamos en la cuarta semana de octubre y ya es temporada baja. Pero encontramos a unos jóvenes turistas extranjeros que nos invitan a comprar Mangostan, una fruta tropical, la más cara de todas las que hay en los comercios (9 $ la libra frente a 3$ del mango).

Las tiendas alimentación nos ofrecen sus productos. Hay que destacar un espacio ocupado inicialmente por un club nocturno, El Glade, donde ahora se encuentra un market place que cuenta con locales que ofrecen comida para comer en el espacio común y otros que presentan verduras, carnes y pescados.

La historia de este barrio fue brillante en otra época cuando llegaron gran población china para trabajar en las explotaciones de azúcar.  En los años 20 del siglo XX, se construyeron bellos edificios que ahora sufren del abandono o la falta de mantenimiento.

La mañana la completamos visitando por el exterior porque es lunes y están cerradas, las casas de las Misiones, el Capitolio del Estado, el palacio Iolani y el monumento a Hamehameha. 

Una advertencia para quienes quieran comprar una cerveza en el supermercado: vayan provistos de pasaporte porque le pedirán una identificación aunque tengas canas y arrugas suficientes para atestiguar que eres mayor de 21 años. 

Al atardecer, nos acercamos a la Aloha Tower en cuyos alrededores parten algunos barcos para celebrar una fiesta Luau.





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