viernes, 6 de marzo de 2026

Etimología

 


Pensando en la humanidad y su comportamiento, me han venido en mente algunas palabras calificativas.

Egoismo: La palabra egoísmo proviene del latín ego ("yo") y el sufijo -ismo (que indica tendencia, doctrina o actitud). Etimológicamente, significa la tendencia o actitud a priorizar el "yo" por encima de todo, centrándose exclusivamente en los propios intereses, deseos o amor propio, a menudo sin considerar a los demás

EstupidezLa palabra estúpido proviene del latín stupĭdus, que significa "aturdido", "atolondrado" o "paralizado". Este término deriva del verbo latino stupēre, que se traduce como "quedar paralizado", "quedar aturdido" o "estar estupefacto". Originalmente, describía a alguien pasmado o sin capacidad de reacción.

Raíz: Proviene de la raíz indoeuropea *(s)teu- (pegar, empujar), que también dio lugar a palabras relacionadas con estar conmocionado.

Gilipollas: proviene principalmente de la unión del vocablo caló gili (tonto, cándido, inocente) y el sufijo despectivo o reforzativo -pollas. Aunque existen teorías urbanas que lo atribuyen a personajes históricos madrileños como Gil Imón, la teoría etimológica más aceptada es su derivación de la lengua gitana española.

Se documenta por primera vez, con la acepción '[persona] que tiene muy poca inteligencia o entendimiento', en 1939, en la obra El teniente Zacatecas, de Á. Martín de Lucenay. Se consigna por vez primera en el Lexicón de colombianismos (1964), de Alario di Filippo. Como muestran los testimonios acopiados, se localiza en obras literarias en las que, en ocasiones, figura con las variantes gilipoyas y jilipollas. Con la acepción 'persona que tiene muy poca inteligencia o entendimiento', a partir de un mecanismo de conversión, se atestigua en 1953, en la obra Los cipreses creen en Dios, de J. M. Gironella. Como en su función adjetiva, suele aparecer en composiciones literarias en las que, a veces, aparece con las formas gilipolla y jilipollas. En los repertorios lexicográficos, se registra por primera vez en el DMILE de 1984. Con el significado 'típico o característico del gilipollas', se documenta en 1981, en la novela Días de guardar, de C. Pérez Merinero. Posteriormente, se localiza en composiciones literarias y artículos periodísticos. Desde un punto de vista diatópico, aunque se documenta sobre todo en España, su uso se extiende a otros países de América. 

absurdo


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