Otra cuestión que, de forma recurrente me mortifica, es no haber preguntado a mi padre o mi madre que me contara de sus vivencias, de sus sentimientos. La guerra civil y la perversa postguerra les hicieron olvidar "cosas" que para nuestra seguridad preferían que no supiéramos. Ahora no existe ese temor, pero personalmente no he contado muchas vivencias a mis hijos. Los motivos son diversos: falta de oportunidad, querer mantener algo en secreto (hay vivencias y pensamientos íntimos que es mejor no darles publicidad ni el ámbito más próximo).
Por eso, mi memoria que flaquea y por dejarles a mis descendientes un poco de lectura para un momento de reposo y sin nada mejor que hacer. Le estoy denominando retales porque son recuerdos sueltos de mi infancia, mi adolescencia, mi juventud, incluso pretendo llegar a mi madurez, si la hubo. No creo que avancen mucho porque por ahora son manuscritos y mejor que sea difícil el poder dar difusión. Quizás el cuaderno, lo encuentra un friki y le sirven para escribir una novela. A mí me sirven para recuperar ese recuerdo que tengo almacenado en el sótano de mi memoria y ... sonreir.
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