miércoles, 25 de marzo de 2026

Retales de mi vida

Estoy experimentando lo que me explicaron en el primer curso de carrera en la asignatura de Psicología. La memoria con la edad se cristaliza y no recordamos siguiendo la línea temporal sino que recordamos según nos viene, es decir, según el tema que estamos tratando. Si estamos comiendo un cachopo, seremos capaces de recordar donde comimos nuestro primer cachopo, aquel que comimos en Asturias  aunque a lo mejor se nos olvida ese que nos preparó nuestro compañero el mes pasado. Por supuesto, que no sabremos el nombre del lugar o los comensales con quienes estuvimos. Eso, quizás se llame a nuestro recuerdo en otro momento.

Otra cuestión que, de forma recurrente me mortifica, es no haber preguntado a mi padre o mi madre que me contara de sus vivencias, de sus sentimientos. La guerra civil y la perversa postguerra les hicieron olvidar "cosas" que para nuestra seguridad preferían que no supiéramos. Ahora no existe ese temor, pero personalmente no he contado muchas vivencias a mis hijos. Los motivos son diversos: falta de oportunidad, querer mantener algo en secreto (hay vivencias y pensamientos íntimos que es mejor no darles publicidad ni el ámbito más próximo).

Por eso, mi memoria que flaquea y por dejarles a mis descendientes un poco de lectura para un momento de reposo y sin nada mejor que hacer. Le estoy denominando retales porque son recuerdos sueltos de mi infancia, mi adolescencia, mi juventud, incluso pretendo llegar a mi madurez, si la hubo. No creo que avancen mucho porque por ahora son manuscritos y mejor que sea difícil el poder dar difusión. Quizás el cuaderno, lo encuentra un friki y le sirven para escribir una novela. A mí me sirven para recuperar ese recuerdo que tengo almacenado en el sótano de mi memoria y ... sonreir.

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