jueves, 25 de julio de 2019

La etapa reina del 2019



DIA 25

El amanecer no es tan idílico como el de ayer. Los coches y las caravanas han invadido los dos lados de la carretera y la actividad es como en un día de feria, aunque el ganado ha huido ante la llegada de la marabunta turística.

Así que desayuno rápido, a preparar la mochila con agua, bocadillo, paraguas del Tour y la silla plegable de Decathlon para poder soportar las esperas de las diferentes caravanas: la de los aficionados, la de los autobuses de los equipos, la publicitaria, la de los jóvenes corredores, la de ventas, y finalmente los corredores.

¡Ale, ale! A subir la montaña para encontrar un punto de visión panorámico. Lo encuentro y planto mi silla y comienzo a hacer fotos. He elegido bien porque en el cuadro va a entrar el glaciar. Y no hay niños alrededor lo que me permitirá el no tener que pelear por los gadget de publicidad.

Los turistas suben carretera arriba sin detenerse en mi sitio. Pero al final, una familia belga amablemente (“hay que pagar por el sitio”) dice que se va a poner allí. Simultáneamente, una familia suiza de padre, madre, hijo, hija y novio invaden mi territorio. Van pertrechados de bandera sobre mástil que ondean al paso de cada ciclista y vehículo. Hablan una lengua completamente desconocidas, quizás alemán pero muy dialectal.

Luego el ritual habitual: caravana publicitaria con sus cantinelas y comienza la espera de los ciclistas. La visión de los helicópteros de enlace en la lejanía, - esta vez  voy con mis prismáticos – anuncia que los corredores están cerca. Desde lo alto, se puede ver que primero vienen un pequeño grupo de siete corredores. Hay un Movistar, el equipo español,  entre ellos. Un espectador con conexión a Internet dice que es Quintana que se destaca en las primeras rampas del Galibier.  Cuando pasan a mi altura, cada uno va como puede. Son muchos los corredores que pasan en solitario y el grupo está dividido en tantos subgrupos que no se entiende cuál es el pelotón.
Ganó el colombiano Quintana y todos sus conacionales, que son muchos los que le acompañan, lo celebraron.
Cuando pasa el “coche escoba” y la gendarmería anuncia el final de carrera todos comenzamos a bajar para acudir a la siguiente etapa. Pero el final del día no ha llegado y nos esperan algunas sorpresas.
Primera sorpresa: me sorprende la lluvia. Hay un considerable atasco por lo que decidimos cenar antes de poner en marcha.

Cuando parece despejado,  iniciamos la bajada al valle, lentamente por el tráfico y porque no es un deportivo lo que conduzco. A cierto punto, una señora me dice que no puedo pasar, pienso que se refiere a mi tamaño porque hay un túnel que yo superé en la subida. Así que sigo adelante, las paradas son continuas y largas. Escucho que la carretera está bloqueada. Pienso en algún incidente que se podrá resolver porque continúan a pasarme vehículos de policía y de bomberos. Pero se empieza a oír que “la montaña se ha desprendido y la carretera va a estar bloqueada por un día”

En La Grave, la gendarmería nos informa que tenemos que regresar por donde hemos venido y nos ayuda a dar la vuelta. Llegamos a nuestro campamento de estos días, esperando encontrar sitio en el hotel porque vamos sin existencias de agua y luz. Pero todo está lleno y nos ofrecen aparcar en un barrizal ya que la tormenta ha sido corta pero abundante.

Abren el Galibier y, sin pensarlo una vez, me lanzo a conducir de noche lo que había evitado hacerlo por el día: subir a un puerto que en ocho kilómetros sube de 2000 metros a 2600 metros. La mayor parte hay que subir en segunda marcha porque el desnivel y las curvas no permiten otra velocidad. Cuando pongo la tercera marcha, parece que el camper va a morir.
La tensión cae sobre mi cuello. Ales que ha hecho el recorrido dos veces en bicicleta, me va cantando las curvas como si de un rallye se tratase. Aunque parezca extraño, ha sido una gran ayuda.
La bajada la hago lentamente en segunda marcha como mandan los cánones de la conducción. Tornantes, pendientes, etc. Etc.
Al finalizar el puerto, es ya media noche y mando a todos a dormir. Yo necesito relajarme y, aunque estamos aparcados al lado de una carretera, el sueño resulta reparador.





No hay comentarios: