Por casualidad, ha caído en mis manos el libro "Reinas, Damas y Señoras. Mujeres en las sombras de la Casa Real de Aragón (siglos XI-XIII)" de las profesoras de la Universidad de Zaragoza, Anabel Lapeña y Ana Segura.
Una lectura muy recomendable para constatar que la historia que nos cuentan en el colegio ha sido y continua siendo patriarcal. Como no soy capaz de hacer un resumen apropiado para este blog, me limitaré a poner el texto de un documento de 1205 que las autoras califican de "absolutamente excepcional para la época". Pertenece a Maria de Montpellier casada con Pedro II rey de Aragón.
"Viendo y considerando que estos acuerdos se hacen en gran detrimento mio, no he querido aprobarlos ni confirmarlos. Por los cual, por parte del propio rey, mi marido, he sido objeto de muchas amenazas indignas y he sido crucificada, y a pesar de ello no he querido aprobar lo que había hecho, digo más, le dije "No lo aprobaré jamás". El rey Pedro, mi marido, viendo que de esta forma no quería aprobarlo, me dijo que, si no lo consentía, no prestaría ninguna ayuda a la ciudad de Montpellier y sus dependencias, sino que la abandonaría para siempre, porque no quería tener una tierra, un señorío o una esposa, o cualquier otra cosa, de la que no pudiera disponer a su voluntad.
Y yo, entonces, elevando mi voz, se lo dije varias veces: "¿Por qué queréis defraudarme?". Él, encolerizado, me respondió que quería que aprobara estos acuerdos, porque se había comprometido a que yo lo haría, y que, si no lo hacía, le causaría un gran perjuicio. Y dichas estas palabras, el dicho rey, airado, se retiró. Y yo, privada de mis amigos y mis consejeros, me quedé en la mayor angustia y sin saber lo que debía hacer...Por lo cual, como no podía hacer otra cosa y porque temía que el rey, a causa de las amenazas antes mencionadas y lo que yo le había dicho, me abandonase a mi y a todo lo que es mio...diciendo "apruebo todo esto coaccionada", lo aprobé y coaccionada con gran violencia, lo juré." (p.172)
Esto fue posible porque en esa época, segunda mitad del siglo XII y primer tercio del siguiente, el estatus de las damas occitanas había mejorado de forma sensible ya que podían disponer de su patrimonio y gobernar sus tierras o acceder a niveles culturales antes impensables para una mujer. Estos avances desaparecieron cuando la Francia del Norte y la Iglesia de Roma vencieron a los rebeldes cátaros del Languedoc "aún más a partir de mediados del siglo XIII como consecuencia, sobre todo, de la recuperación del viejo Derecho Romano, que relegaba a la mujer a la condición jurídica de un menor". (pg.173)
