Domingo soleado. La playa a cien metros. Es una tentación muy fuerte como para no sucumbir a ella. Las olas son juguetonas pero son divertidas. El mar siempre me resulta sorprendente. Caminar por la arena siempre resulta agradable e ir de punta a punta de la Concha reactiva tus endorfinas. Hace mucho calor para ser septiembre. Busco la sombra y un quiosco donde comprar el periódico.
Los turistas se mezclan con los locales que caminan por el paseo. Parece que todo es relajado y placentero, pero cuando abro el periódico y comienzo a leer los titulares me enfado con una sociedad que muestra odio, violencia y xenofobia que rezuman. Estos días en los restaurantes he pensado en aquellas teorías del genoma vasco porque muchos de sus trabajadores son emigrantes. No pregunté su nacionalidad porque las personas son personas independientemente de donde nazcan. Por ejemplo, en Hernani estuvimos en un bar que gestionaba una hondureña. En la lotería de encontrar entradas a última hora, consigo una para la película colombiana "Cinco años, cuatro meses" que narra la tragedia de los desaparecidos en la Guerra. Están presentes los directores y las dos mujeres protagonistas por lo que hay un pequeño coloquio al final de la proyección. Se emocionan cuando les preguntan cómo fue la relación con las asociaciones de las "mujeres buscadoras" que relataron su experiencia y algunas de ellas aparecen en el final de la película. Pienso como las naciones sudamericanas han revisado los hechos de sus guerras civiles, lo que no se ha hecho en España.
El día concluye con la asistencia a la entrada de los directores y protagonistas de la película "La bola negra". Desde la distancia, consigo una fotografía pero la aglomeración no nos permite acercarnos más.
Queda toda una semana de cine, pero para nosotros es el último día.


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