jueves, 6 de agosto de 2026

Llegada a Budapest (HUSKA)

 Después de dejar nuestro coche en manos de un desconocido identificado, nos adentramos en el aeropuerto de Barajas. En la puerta, un "segurata" comprueba que no somos "home less" en busca de los lavabos - servicios - toilettes. La primera palabra que me viene a la cabeza cuando entro es "MASAS" y se despierta mi agarofobia.

Después de 300 kms de coche sin parar nos acercamos a los servicios antes de afrontar la sinuosa fila que conduce al control de seguridad. Esto de pasar por los controles de seguridad lo he conocido de todas formas posibles y me sigue pareciendo un control innecesario.  Al principio, era la Guardia Civil la que hacía el control, ahora son empresas de seguridad que obtendrán pingües beneficios. Antes había que sacar líquidos y aparatos electrónicos; ahora no es necesario. Otro día contaré las múltiples anécdotas que tengo sobre el paso de esos controles.

El vuelo de Madrid a Budapest con Iberia dura tres horas aproximadamente y ha resultado agradable. En el acceso al avión éramos el grupo 2 y eso es preferente frente a los grupos 3, 4 y 5.

La llegada a Budapest fue durante uno de los días más cálidos de la ciudad: unos treinta y nueve grados. El lenguaje no ayuda aunque algunas personas chapurrean inglés. Pido el taxi con la aplicación Uber, pero aquí todos los taxis son amarillos, también los de Bolt y los de Fotaxi. Y la formula para encontrar tu petición es un poco diferente porque existe una fila de taxis de Uber y te atiende el primero de la fila.

Nuestro alojamiento, aunque contratado con Booking, se trata de un edificio con diferentes apartamentos en el barrio judío. Tenemos un espacio abierto en el que tenía cocina, la cama. Se me ocurre que este espacio sería ocupada por una familia durante la etapa comunista de Hungría.

Una vez instalados, nos atrevemos a salir a callejear por la zona. En esta zona en el que estuvo el gueto judío se ha desarrollado una serie de establecimientos de restauración: bares y restaurantes. Los bares aprovechan antiguos edificios en ruinas. El más famoso es el Simple Kert: son varias estancias en dos plantas con un jardín interior y con diversas barras. Pudimos entrar porque era todavía temprano, las siete de la tarde, porque al día siguiente comprobamos que había una fila de más de 20 metros para poder entrar.

El cansancio y el hambre nos dicen que debemos buscar un lugar donde cenar.  Los que tienen comida tradicional húngara se caracterizan por tener mesas con manteles de cuadros blancos y rojos. En el Retro Goulash House probamos todas las especialidades dentro del menú: La sopa de goulash acompañada del langosh y schnitzel para los que no nos gusta la sopa, acompañada con un buen medio litro de cerveza de barril     

El día no da para más.

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