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lunes, 11 de abril de 2022

Volando voy, volando vengo

Subirme a un avión en Zaragoza es como subirme al autobús, porque la cabina de un low cost se parece más a un autobús que a un avión.

La distancia entre asientos es menor que la de un autobús interurbano.

Los asientos no son reclinables como antes

NO hay una bolsita para dejar los pequeños objetos.

En esta ocasión, me ha correspondido viajar acompañado de 105 estudiantes de Instituto; lo que ha hecho mas “agradable” el viaje. ¡Adiós a mi siesta en esta salida temprana! Porque debéis saber que las horas de salida desde nuestro aeropuerto o con destino al mismo suelen ser a las denominadas “intempestivas”.

Algunos de los estudiantes son primerizos en volar. No obstante, reconozco que han aguantado estoicamente encerrados en el avión los 45 minutos de retraso motivados por un fallo en la cinta transportadora de equipajes del aeropuerto. No siempre Ryanair y sus aviones los responsables de retraso. Me comentan que van de viaje de estudios y apuntan que es el primer viaje en mucho tiempo porque les ha pillado el COVID y sus confinamientos.

En cualquier caso, tener la posibilidad de salir desde Zaragoza, evita las tres o cuatro horas del desplazamiento hasta el aeropuerto de Madrid o de Barcelona y, sobre todo, el tener que estar combinando medios de transporte, tren, metro, autobús; y coordinando horarios. Por eso, hay que dar las gracias a las compañías que deciden operar desde nuestra ciudad.


domingo, 19 de julio de 2020

Otros años en esta fecha...

Este bisiesto 2020 ocupado por esta situación de confinamiento, me lleva a pensar dónde estaba los años anteriores en este 19 de julio porque en los últimos dos años, el mes de julio ha significado: Tour de Francia, aire libre, autocaravan, nuevas experiencias cada día.

En 2018,  estabamos en la mítica etapa del Alpe d'Huez después de haber pasado la noche conduciendo para poder alcanzar a los ciclistas.

En 2019, era en una ciudad donde el tour ha llegado en casi todas las  ediciones: Pau. En los Pirineos, un calor horrible en la Plaza Vandome pero me había encontrado con mi hermana que llegaba al Tour ilusionada con pasar por el pueblo natal de nuestro padre.

En fin, este 2020, se caracteriza por: confinamiento, encerrados, suspendido, no a las concentraciones de masas. Porque es el público, la fiesta, la alegría, la emoción lo que caracteriza a un Tour que este año está aplazado y que no tendrá ni el calor metereológico, ni el calor de las masas de público internacional que lo seguimos.

sábado, 29 de enero de 2022

Asturias destino querido_5

 Cuarto día.- Hoy domingo debería ser el día de la carrera de piraguas conocida internacionalmente: el descenso del Sella que partiendo de Arriondas concluye en la meta del puente de Ribadesella, por lo que decidimos alejarnos de las multitudes y visitar Cudillero y Gijón, con un pensamiento erróneo que “las masas huyen de las ciudades en festivo”.

Cudillero es un pueblo encajado en la montaña y con una recoleta plaza que podríamos haber contemplado sino estuviera oculta bajo las sombrillas de la infinitas terrazas que la circundan.

Varias rutas señalizadas te permiten verificar que la tierra es redonda y que la visión del horizonte es un espectáculo eterno: podría pasar horas y horas mirando a lo lejos e imaginar historias aventureras o terroríficas; pero las hordas de turistas cercenan la tranquilidad y el silencio necesario. 

Por eso, nuevamente nos subimos al coche huyendo del agobio que produce tener que ir con la mascarilla todo el tiempo porque resulta imposible mantener una distancia de seguridad recomendable en estos tiempos pandémicos.

A la hora del vermut-comida, llegamos a Gijón donde tampoco faltan las multitudes en la playa y en las terrazas. La determinación de Carmen nos conduce a Casa Zabala, restaurante número 29 de 825 de Gijón según Trypadvisor, donde nos tomamos un arroz con gambas y almejas (normalito) y una ventresca de bonito a la plancha (superior) inolvidable. 

El descanso de la siesta lo realizamos tumbados en la hierba como otros muchos en el Cerro de Santa Catalina junto al “Elogio del Horizonte” de Chillida. Como en las terrazas parisinas, aprovechamos para ver y enjuiciar a los paseantes como suponemos que también lo hacen de nosotros.

Luego, visitamos la antigua Universidad Laboral, hoy convertida en Ciudad de la Cultura, donde han retirado todo vestigio de lo que fueron las universidades laborales de modo falangista, de José Antonio Girón y Velasco para  promocionar a la vez que descastar a los hijos de la clase obrera. A Enrique le ha resultado muy doloroso percibir esta omisión, esta ocultación de la historía porque él estuvo en la Universidad Laboral de Córdoba de 1971 a 1974 e, igualmente, estuvo desarrollando un curso en la Escuela de Verano de 1981 en este mismo edificio.

El edificio merece la pena visitarlo e imaginar a adolescentes, casi niños, encerrados entre aquellos muros, donde el libro la metáfora de la escuela cárcel o la escuela cuartel se materializa en piedra.

Solo una vitrina en un rincón olvidado hasta por la señora del servicio de información recoge algunos objetos característicos como los cubiertos y la sopera donde se servía los primeros platos caldosos más bien acuosos.

Para concluir la jornada hemos quedado a cenar con Toni y su compañera para agradecerles su amabilidad en las indicaciones turístico – gastronómica riosellanas. Hemos elegido “La Bolera” junto a nuestro hotel. Elegimos ensalada de tomate buey, espárragos cojonudos y el clásico cachopo, para finalizar con una tabla de quesos.

La conversación es animada aunque un tanto monótona ya que se refiere obsesivamente al tema COVID-19 y la vacunación. Me hubiera gustado que hubiese girado en torno a nuestros recuerdos de la Universidad Laboral o de los tiempos en que Toni se codeaba con la periodista Letizia o ella se codeaba con él a tenor de la fotografía del libro en la que la actual reina aparece en segundo plano.



jueves, 23 de abril de 2020

Flexibilidad o rigidez

Desde el inicio del confinamiento tengo anotado estás dos palabras para escribir sobre ellas porque en la aplicación de las normas cabe la flexibilidad o la rigidez.

Dicho principio puede darse en la redacción de la propia norma, aunque la flexibilidad en la redacción dejará más espacio a la interpretación de quién debe hacerla respetar: autoridad competente en forma de fuerzas y cuerpos de seguridad del estado o bien los jueces o la administración en una instancia superior.

Dicha flexibilidad o rigidez se dará en cada una de esas personas que deben hacer respetar la norma e igualmente en la ciudadanía que debe cumplirlas.

En la cuestión de las normas de restricción de la movilidad nos encontramos con:
- una ciudadanía que, en general, le encanta no respetar la ley o interpretarla libremente a su favor  y casi nunca a favor del bien común;
- una autoridad competente que, como generalmente se encuentra con una ciudadanía como la descrita anteriormente, aplica más rigidez que flexibilidad en la interpretación de la norma.
- En la cabeza, quienes dictan las normas suelen estar encerrados pensando que no tienen la mente abierta como para que sus ideas sean flexibles y contemplen todas las circunstancias.

Y...menos mal que rectificaron a tiempo.

Vuestros comentarios aquí en el blog. Muchas gracias.