Con motivo del 25 aniversario de la Facultad, donde yo debía intervenir, le pedí como en otras ocasiones que me diera algunas ideas. Y me sorprendió con este reflexivo y emocional escrito.
Vicky Gracia
Alumna de Psicopedagogía 2008-2011
Parafraseando a Machado, “mis recuerdos de Zaragoza son el paso por la Facultad de Educación”, y no es simple retórica, sino un reconocimiento a la huella que este paso dejó en mí.
No conocí la Escuela Normal, tampoco habité mucho tiempo la sede de la antigua Facultad de Educación. Inicié Psicopedagogía en el 2008, casi con 50 años en el Inter del Campus y siempre recordaré la primera clase. Un profesor con aspecto despistado, entró en el aula y sin mediar palabra proyectó la canción “Como un lobo” de Miguel Bose, mientras levantaba y bajaba sus lentes, era Enrique García.
Aquella imagen me descolocó y es una de las que forman parte de mi memoria vital. Tras este profesor, llegaron otros que consiguieron sorprenderme tanto para bien como para no tan bien.
El paso del Interfacultades al nuevo edificio de la Facultad de Educación significó para mi y para muchas personas que peleamos por su edificación capitaneadas por el Decano, un hecho diferencial en la percepción de nuestra profesión. Considero que se dignificó y puso en valor los estudios de Educación.
El hecho de retomar los estudios a la edad madura me permitió disfrutar de todas las experiencias que me ofreció el paso por las aulas. Mi espíritu crítico también hizo que me rebelara ante algunas metodologías que yo pensaba que estaban superadas en educación, especialmente en la de adultos. Si, yo considero a las personas que se incorporan a los estudios universitarios como adultos.
Esto, me hizo reflexionar sobre algunas metodologías tradicionales, paternalistas y poco dadas al fomento del espíritu crítico y de la autonomía personal en las que el rol del profesor es la clase magistral. En estas clases jamás se nos permitía la mas mínima argumentación ni existía el debate. También sufrí a algún profesor que valoraba más la presencia agradable de algunas alumnas que los trabajos presentados.
Sin embargo, también comprobé en propias carnes, como otro tipo de profesorado trabajaba con los alumnos y alumnas desde una perspectiva constructivista y crítico social. A pesar de su impopularidad, para mí fueron motor de búsqueda, aprendizaje y apertura hacia nuevos caminos académicos y vitales.
En aquellas clases conocí a personas que se incorporaron a mi vida y que después de tantos años siguen formado parte de esta. Por ello, recomiendo a quien me pregunta que jamás dejen de volver a las clases, y pediría a los decanos y responsables de las facultades que fomentaran esta vuelta de personas maduras a las aulas.
Podemos y debemos aportar nuestra experiencia sin que se nos vea como “pepitos grillos”, sino como complementos que pueden ayudar a otros más jóvenes a transitar caminos no siempre fáciles ni bonitos.
He vuelto a retomar estudios a lo largo de estos años, he pasado por distintas facultades e invariablemente volvería a mi Facultad de Educación, la que me devolvió al estudio y al desarrollo personal.
Y siempre que escucho la canción del lobo recuerdo que nunca hay que dejar de sorprenderse porque detrás de un gesto puede haber una puerta que se abre al conocimiento y a la amistad.
Gracias.

No hay comentarios:
Publicar un comentario