jueves, 13 de marzo de 2025

Mi reino no es de este mundo

 La incertidumbre con la llegada de "ese señor del que todos hablamos"  ha aletargado mis pensamientos. Empiezo a pensar que he estado equivocado toda mi vida.

Parece que el discurso prevalente es la ley del más fuerte y en la manada no se respeta al más anciano. En realidad, no se respeta a los demás.

Habréis advertido, como yo, que el principio "dejen salir antes de entrar" no está presente. Quienes se encuentran a unos amigos por la calle, se pararan en el primer sitio sin reparar si molestan el paso de los demás. También, si vamos cuatro o cinco por qué no "jugamos a tapar la calle que no pase nadie". Y si tú, humildemente, dices: "por favor podría dejarme pasar", la respuesta puede ser "la calle es de todos".

No me olvido de los automovilistas que abren la puerta y la dejan abierta ocupando una estrecha acera. Aunque quienes se llevan la palma, son los empleados de la contrata que debe realizar alguna obra en la vía pública, sea para mejora pública o mejora privada. Colocan señales de advertencia por el temor de la multa de la ley, pero no piensan mínimamente en la ciudadanía. Pienso en los ciudadanos que van en sillas de rueda y les considero héroes.

Pero, evidentemente, poco respeto puedo pedir a la ciudadanía cuando sus "excelsos" representantes no se respetan, hablan y actúan como pendencieros, incapaces de consensuar para ayudar al prójimo.

A veces pienso si no seré un ateo adoctrinado por la catequesis.

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