La habitación del hotel es luminosa y nos levantamos temprano. Hay que aprovechar el tiempo porque quedan muchas cosas que ver. En otras ocasiones, he hecho turismo de forma más relajada pero estas ciudades imperiales me invitan al stress.
La primera etapa de hoy es el palacio de Schömbrunn aunque nos vamos a reducir nuestra visita a pasear por los Jardines porque el palacio cuenta con 1441 habitaciones y además de estilo barroco. Por otra parte, los jardines están sombreados y las habitaciones no cuentan con aire acondicionado.
Resulta maravilloso pasear entre estos árboles centenarios cuando en mi ciudad natal, la alcaldesa Natalia se ha ganado el calificativo de corta árboles. Nos detenemos en el Rosarium, una plaza con cientos de rosas que contienen un texto dedicado a seres queridos; en el edificio de las Palmeras.
No dejar de ver el jardín Japonés.Fue creado en 1913 cerca de la Casa de las Palmeras por los jardineros de Schönbrunn; después de la Primera Guerra Mundial quedó abandonado, y el paso del tiempo lo sumió en el olvido. A finales de la década de 1990, el jardín de piedra fue restaurado con la ayuda de expertos japoneses.
Luego subimos a la Gloriette desde se puede contemplar toda Viena. Estos nobles se buscaban buenos lugares para hacer sus palacios. Fue mandado a construir por Leopoldo I, abuelo paterno, de la emperatriz Maria Teresa que fue la mando hacer la ampliación del aspecto actual.
La segunda etapa es la iglesia de San Carlos Borromeo, otra joya barroca que no son mis favoritas. Es de pago para restaurar dos columnas trajanas que tiene a los dos lados de su pórtico. Permite subir a lo alto para contemplar los edificios circundantes pero después de haber estado en la Gloriette de Schömbrunn resulta excaso. Consejo: ahorrar los diez euros de entrada y ver las columnas si ya están restauradas.
La etapa final de la mañana nos lleva a un lugar de reciente construcción pero que se ha hecho famoso en los tiempos en que el cemento predomina. Aquí se han hecho unas construcciones coloreadas, frente al gris, y donde nacen plantas y árboles en los balcones y huecos de la casa: HunderWasserhaus.
Comida y luego al Prater, parque de atracciones que uno recuerda por la película de cine negro "El tercer hombre" , su música inquietante del final y su noria.
Se hace tarde, antes que cierren la pastelería Demel donde degustar la famosa tarta Sacher. Este es el lugar que pertenece a la familia de Franz Sacher su creador y no el Hotel Sacher que la ofrecía en su restaurante, leed la historia.
Como final del día, vamos a disfrutar de una velada al aire libre del FilmFestival del Rathaus de Viena, todas las noches desde julio y agosto con una superpantalla y unos excelentes asientos donde te puedes acercar comida y bebida de los puestos que existen alrededor en el parque. Hoy, retransmiten un concierto de la Filarmónica de Berlín dirigidos por Ricardo Muti. Me sorprendió que las personas se llevaban copas de cristal y platos de loza hasta los asientos delante de la pantalla y que luego devolvían a los puestos donde los habían adquirido. Desconozco si les cobraron un depósito. Pero, en cualquier caso, Viena me pareció bastante limpia a pesar de las multitudes de turistas que paseamos por ella.
Y colorín, colorado, el día de hoy se ha acabado.



No hay comentarios:
Publicar un comentario