Nuestro último día en Viena y todavía queda mucho que ver de nuestra lista.
Compramos entradas para ver en el palacio de Belvedere la obra de Auguste Klimt. Aprovechamos que es temprano para pasear por sus jardines que no son comparables a los que hemos visto en Schomburnn pero siempre es agradable pasear rodeado de verde.
Mientras llega nuestra hora de visita nos dirigimos a otros lugares "imprescindibles":
- el Mercado de Naschmarket que se extiende durante un kilómetro y medio por el centro de la avenida de Wienzalle. Como ocurre en otras ciudades, el mercado es cada vez menos tradicional y más turístico. Los puestos con productos típicos se mezclan con los de souvenirs y pequeños restaurantes con terraza.
- Los edificios de los denominados Museos gemelos: El de Arte y el de Historia Natural.
- El Burggarten, otro jardín anexo a los palacios de Hofburg.
En el museo, los turistas se agolpan ante el cuadro de El Beso como lo hacen ante la Gioconda haciendo todos la misma fotografía. Aunque la técnica de Klimt es muy original y particular de combinación de oro y otros métales, no consigo empatizar con su obra.
En la tarde, callejeamos un poco por los lugares que ya hemos visitado. Aprovechamos el pase de 24 horas para recorrer en el tranvía los majestuosos edificios del llamado Anillo o Ringstrasse de Viena, una gran avenida que envuelve a la ciudad.
Hoy es día del eclipse pero estamos muy cansados como para buscar un lugar desde donde verlo, en este paralelo 48 (Zaragoza está en el 41) solo se percibió al 75% aunque a las 20 horas las calles estaban más oscuras que el día anterior.

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